Antes, sonaba la campana y treinta pupitres de madera empezaban a meter ruido tratando de ordenarse. Una profesora –aunque en esos tiempos le llamaban “maestra” seguramente– se ponía a escribir con tiza blanca.
El conocimiento bajaba en línea recta: de su voz al cuaderno directamente. Del profesor al alumno; del que sabía al que aprendía.
Si somos honestos, sabemos que ese sistema tenía cosas buenas: el orden, la disciplina y el paso a paso controlado. También tenía ventajas para nosotros los docentes: sabíamos en qué momento del año estábamos solo por la clase que estábamos enseñando.
Pero como todo, las cosas van cambiando, y las clases también. No es mejor ni peor, ni bueno ni malo, solo diferente.
El aula empezó a desordenarse un poco: llegaron los proyectores, los trabajos en grupo, las actividades dinámicas. El profesor ya no era el único faro: ahora tenía que guiar discusiones, hacer preguntas abiertas, pedirles a los estudiantes que se expliquen las respuestas entre ellos.
La idea era convertir la experiencia de enseñanza en algo más dinámico, que pareciera una conversación. Y es un objetivo muy loable, pero implicaba más trabajo para los docentes más antiguos y también para los nuevos.
Un maestro de mi universidad lo explicaba así:
“Antes, el profesor tenía que ir a la sala, pasar el contenido mirando el pizarrón, si nadie lo escuchaba, no importaba. Simplemente abría el libro de clases y daba la materia por pasada.
Ahora, al profesor no le sirve con dar el contenido por pasado. Ahora su objetivo ha cambiado: el alumno tiene que aprender. Antes el foco estaba en el profesor, ahora está en el estudiante”.
Y tiene razón, en estos días los profesores tenemos que preocuparnos más de cómo aprenden, qué aprenden y cuándo lo aprenden los alumnos; no simplemente de recitar los contenidos y esperar que ellos tengan la disciplina y disposición necesaria para aprender.
Pero diseñar clases y sesiones de aprendizaje así es mucho más complejo que recitar la materia. Y en Califica lo sabemos.
Por eso con nuestra herramienta lo primero que te preguntamos es algo abierto, general, pero que también puede ser algo específico:
El tema de la sesión que quieres diseñar.
Puede ser algo muy puntual, como la historia de la Capital de Brasil, o también algo más general, como aprender a despejar incógnitas de una ecuación. Creemos que lo mejor es partir por lo básico, ya más adelante habrá tiempo de crear actividades que se basen en la interacción y la discusión.
Luego ya tendrás que especificar qué grado, nivel y asignatura. También podrás subir documentos o información adicional. Es así de sencillo, pero solo porque es la primera parte, la de crear el contenido.
Poner el foco en el alumno es trabajo de los docentes.
En Califica estamos convencidos de que una clase exitosa no puede ser creada simplemente con la tecnología o la inteligencia artificial. La parte humana es y será siempre irreemplazable. Y esa parte la ponen los docentes, con su experiencia y su talento.
Nosotros intentamos que la primera parte sea lo más sencilla y eficiente posible, ahora es el turno del docente.
Y si te gustaría aprender a usar nuestra herramienta y certificarte en el uso de la tecnología en el aula, te recomendamos inscribirte en nuestros talleres gratuitos, Kali Te Enseña. Los hacemos todas las semanas y puedes revisar las próximas fechas aquí.


