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Suele suceder en algún momento de la sesión: mis alumnos dejan de prestar atención. Siempre creí que sus miradas estaban perdidas en cualquier lugar, que no importaba a dónde estuvieran mirando, simplemente se habían “desconectado”. Parecía que estuvieran mirando “el vacío”.

Pero hace poco me encontré con un estudio que propone algo interesante: la investigadora Karrie Goldwin ha pasado 10 años recopilando, catalogando y analizando muy de cerca situaciones como la mía en que los alumnos dejan de prestar atención.

Obviamente, los resultados de Goldwin estaban enfocados en parte al diseño de las clases y las actividades. Es lógico que un alumno se desconcentre si la actividad no le llama la atención o no la entiende. 

Pero también encontró otro elemento interesante: cómo están diseñadas y decoradas las salas de clase también influye en cuánta atención pueden poner los estudiantes.

Y es que los hallazgos de Godwin desafían una creencia común: que la distracción es siempre una cuestión de fuerza de voluntad o desinterés. En cambio, dice Goldwin, a menudo se trata simplemente de limitaciones cognitivas, y los educadores pueden realizar ajustes relativamente sencillos para obtener mejores resultados.

Una de ellas, como te contaba, es el diseño de las salas de clases. Dice Goldwin que existe una gran diferencia en la decoración de las aulas. Algunas presentan colores vivos y obras de arte colgadas del techo y las ventanas. Otras, a menudo influenciadas por los métodos Montessori o Waldorf, tienden a ser más sencillas y neutras.

Dice Goldwin que Una de las ideas centrales de nuestra investigación es que el entorno visual puede generar competencia por la atención. La atención es un recurso cognitivo limitado: solo podemos concentrarnos en una cosa a la vez, y además se agota gradualmente. Si los estudiantes intentan constantemente ignorar las distracciones del entorno visual, se concentran menos en la instrucción, lo que puede resultar en la pérdida de oportunidades de aprendizaje.

Su investigación encontró que en las salas de clases con menos decoración los estudiantes mostraban mejor rendimiento. Pero ojo, no se trataba de que fueran salas con las murallas vacías, simplemente tenían menos decoración.

Y tiene sentido: cuando eres un estudiante que lleva varias horas poniendo atención, cualquier cosa colgada de las murallas puede desconcentrarte. 

Entonces, ¿Cuál es la regla de oro? ¿Cómo saber cuánto decorar nuestras salas de clases? Goldwin nos entrega un método sencillo: solo cuelga lo que tenga que ver con el aprendizaje; dibujos que de alguna manera estén asociados a la unidad o la sesión que estás llevando a cabo. 

Puedes leer el estudio completo aquí.